2.6.15

Caja de memorias


Encontrarse con objetos del ayer despierta un sinnúmero de emociones. Éstas vuelan, se alborotan y se dispersan, para terminar por asentarse y adherirse nuevamente, inertes, a nuestra memoria. ¿De qué sirve pensarte y añorarte?, si en quien pienso no es el mismo tú y la que te piensa, no es la misma yo.

Mirando en la cajita de ébano, con devoción,
cuando los años han pasado, 
sacudiendo el aterciopelado polvo
que los veranos han posado.

Levantar una carta hacia la luz,
oscurecida ahora, con el tiempo;
repasar las palabras desvaídas que, 
como e vino, un día nos alegraron.

Tal vez, encontrar entre sus cajoncillos
la arrugada mejilla de una flor,
recogida por una galante mano desaparecida.

Un rizo, quizás, de frentes
que nuestra constancia olvidó;
tal vez, un antiguo adorno
de una moda que ya pasó.

Y después, dejarlos reposar de nuevo,
y olvidarnos de ellos,
como si la cajita de ébano
no fuera asunto nuestro.

Emily Dickinson

26.8.13

¿A qué huele Yahoo respuestas?

Amo las caminatas, los paseos, perderse en nuevos y viejos caminos... se suman a un tesoro de experiencias únicas.

Domingueando en el Desierto de los Leones, disfruté de una larga caminata por estrechos y enlodados senderos. Percibiendo diferentes sensaciones, aromas, texturas en el aire, colores, verdes, ocres, humedad...

A mi lado iba un ingeniero en sistemas ambientales y, para complementar una interesante conversación, se me ocurrió compartirle:

-Percibo... tierra mojada

-Ahhhhhh, Streptomyces Coelicolor-, suspiró, como si cada letra se desvaneciera en el delicioso aroma del bosque húmedo

-¡¿Stre... qué?!, grazné, rompiendo la armonía del momento

-Es una bacteria que se aloja en el suelo y al hidratarse inunda el ambiente con esa agradable sensación

Apenas tuve oportunidad, "googlié" el dato en mi teléfono. Montones de resultados... y por supuesto Yahoo respuestas lo tenía dominadísimo. Es cierto, una bacteria es responsable de tal deliciosa experiencia.

Streptomyces coelicolor. Foto en falso color. 
Universidad de Uppsala
¡Vaya descubrimiento tardío!, aunque ahora así es todo... no hay preguntas que no se hayan preguntado, ni pensamientos que no se hayan pensado, ni sensaciones que no se hayan sentido. 

Teclea una pregunta y verás tus palabras devaluadas por los motores de búsqueda. 

Por eso me gusta salir al bosque, al desierto, a la calle, observar y registrar con cada sentido aquello que aparentemente todo mundo conoce, y compartir no sería novedad. Pero de una cosa estoy segura, ningún 3G ni motor de búsqueda alcanza a registrar lo que una pausa para un profundo e intenso respiro: una bocanada de vida y delicioso aroma a tierra mojada.

6.6.13

Tu versión, mi versión

El punto de vista es tan personal. Nadie ve a través de nuestros ojos, escucha con nuestros oídos, siente, percibe... Los canales sensoriales juegan con la interpretación que cada mente teje, de acuerdo a sus referencias, recuerdos y experiencias. Así cada persona es una historia, y tiene otras miles que contar.
  Y lo que resulta interesante es salirse de uno mismo, y perseguir una visión global de las historias de otros, saber cómo se entretejen, malinterpretan, bieninterpretan, reaccionan, se vuelven chismes o hechos. En fin, ya lo dijo Chimamanda Adichie, lo peligroso es quedarse con una sola versión. Aferrarse a una percepción es perderse de lo maravilloso de la diversidad de la humanidad.

20.9.12

Sosiego, un instinto animal

Después de un intenso recorrido de cuatro días en el País Vasco, dos amigas y yo subimos al tren de las 5 rumbo a Barcelona. El cansancio acumulado y el suave movimiento de los vagones seducían mi adormilado ser. Pero luché contra ello por temor a un futuro reclamo de mi cuello. Entonces saqué una libreta y me puse a garabatear el paisaje semi rural, semi urbano de Zaragoza.
  A lo lejos descubrí un punto negro que manchaba el azul sin nubes. Luego de observarlo un rato me di cuenta que se trataba de un águila, detenida por una fuerza invisible.
  La observé por no se cuánto tiempo, seguía sin moverse. No acechaba, no volaba, tan solo permanecía. Flotaba el animalejo, libre y sin prisas del tiempo, mientras yo me movía en un tren con horarios, con límites.
  Quién fuera esa águila, que simplemente disfrutaba de lo que mejor sabe hacer, sin esperar una retribución. ¿O fue acaso mi deseo de sosiego, el que confundió a un contemplativo animal con un predador listo para cazar?

El héroe con armadura invisible

Una noche de un día cualquiera, regresaba a casa luego de cenar con un amigo. Me bajé de su coche y él espero a que entrara a mi casa.
   El foco de la entrada estaba fundido. A oscuras, me tomó varios minutos encontrar las llaves dentro de mi preñada bolsa. Cuando comencé a perder la paciencia, mis dedos rozaron el frío metal.
Un poco avergonzada ante tanta espera, hice un nuevo gesto de despedida a mi amigo y caminé hacia la puerta.
   Pero antes de probar la cerradura, algo en el suelo llamó mi atención: una sombra regordeta tiritaba, apretándose contra la esquina de la pared.
   – ¡Aaahhhhhhhhh! ¡una rata!
   Ojalá saltara de la forma en que lo hice esa vez, cuando voy a practicar la escalada… Porque saltar en la calle, en medio de la noche, sin aparente explicación, podría interpretarse como consecuencia de un asalto, o un ataque de locura.
   Mi amigo salió del coche apresurado para conocer el motivo de mi escándalo.
   –Pero si no es más que un pajarito. ¡Pobrecito, está más asustado que tú!
   –¡¿Otro pajarito?!, rezongué, ¡Dios, tú los haces y ellos vienen a mí!
   Porque no era la primera vez que me encontraba con una avecilla perdida. Recogí mis cosas y caminé un poco en círculos para recuperar el aliento. Cuando me sentí mejor volteé a ver a mi amigo, quien ya traía a la criaturita entre sus manos.
   –¿Qué haces?, déjalo en el pastito y ahí que se quede. Con suerte pasará un gato y terminará rápido con su agonía.
   Aún recuerdo los ojos que me echó… sentí que me hacía añicos con la mirada. La culpa me invadió.
   –Ok… ok… perdona lo que dije. Espera un momento, voy por algo a mi casa.
   Subí corriendo a la cocina. Cogí la caja de las galletas Salma y vacié todo su contenido en una bolsa. Perforé varias veces la tapa de cartón y cubrí de periódico el interior, todo en cinco minutos. Luego regresé corriendo a la puerta.
   –Ten. Quizá esto sirva para que no pase frío.
   –Gracias, me dijo, mañana lo llevo al veterinario.
   Nos despedimos por cuarta vez y se fue.
   Este suceso me dejó muy pensativa. ¿En qué momento dejé morir en mí la compasión? Había perdido la inocencia y la sensibilidad de un niño para entregarme a la indiferencia y frialdad del adulto.
   Sigo pensando que llevarse al pajarito era inútil, pero aunque el bichito no logró sobrevivir, mi amigo sí salvó a alguien esa noche… a mí.

13.9.12

'Aventón' VIP


A los 18 años hice mi primer viaje sola. Viví un divertido pero tormentoso mes en Toronto aprendiendo a usar el transporte público y racionando el dinero que me asignaron mis papás. Por supuesto, en un día me gasté el presupuesto de una semana en ropa y demás compras, sin pensar en guardar un poco para transporte, libros para la escuela e incluso comida.
Pero el golpe más fuerte, de la semi-independencia, lo recibí un día al volver de una fiesta. No contaba con que el transporte público lo controlaba gente con horarios y vidas personales. Mi ingenuidad me llevó a pensar que podría volver a casa a cualquier hora y sin problema.
Me subí al autobús de las 11 de la noche, casi vacío y tenebroso. Pero… ¡vamos, es Canadá! País de primer mundo donde los asaltos sólo son cuentos para asustar a los niños.
Por un grave error de distracción, me subí a la línea 340-A, en vez de tomar la 340-B. Y el autobús viró hacia una avenida extraña para mí. Dejé pasar un par de paradas y al final me decidí preguntar al conductor –en un adolescente inglés– el destino final ese transporte.
Camino equivocado. Bajé de inmediato. Crucé la carretera, porque ya no había edificios ni algún tipo de construcción alrededor, y esperé el siguiente autobús.
–Ya pasará alguno… – me traté de convencer.
10 minutos, 15 minutos, 17 minutos… ¡¿qué pasa?!
¡Muy bien, adulto independiente!, para tu conocimiento, a esta hora ya no pasan autobuses. Como no quedaba nada por hacer, emprendí la marcha de regreso a la desviación, que seguramente me tomaría 30 minutos y luego otra hora y media para llegar a la casa donde me hospedaba.
Caminé resignada cuando sentí que la calle vibró. A lo lejos vi las luces de mi añorado autobús.
–Un momento… – me dije –¡estoy a la mitad de dos paradas!, ¿a cuál voy?
Regresé corriendo a la parada anterior, pero el autobús la pasó antes de que llegara. Luego rodó veloz junto a mí, sin detenerse. Corrí desesperada pero, obvio, no lo alcancé.
–Tonta, tonta, tonta…
En realidad me dio más risa que pena pues me sentí como Tribilín en una de sus caricaturas.
–Patitas, pa’ que las tengo–  Me resigné a una noche en vela. Quizá podría faltar mañana a la escuela.
Vagué durante 20 minutos hundida en mis pensamientos, cuando el suelo volvió a cimbrar. Otro autobús y ninguna parada cerca. ¿Para qué ilusionarse? Seguí caminando y lo ignoré. Pero el autobús redujo la velocidad hasta igualar mi paso y abrió sus puertas.
–Are you still here? – Era el chofer del autobús que abandoné. –Oh silly girl, hop on, I’ll take you home.
Sorpresa la de los vecinos al verme llegar a casa en semejante limusina. 

10.7.12

Terror interrumpido


El filoso chillido de un gato me pellizcó el oído. El sueño me abandonó de inmediato. Vagué insomne por el pasillo hasta llegar al sótano. Abrí la puerta y el sofocante y húmedo aire del cuarto golpeó mi rostro. Entré sin vacilar. Cada paso retumbaba en el cavernoso ambiente. Un sueño deletéreo invadió mi cuerpo y desmayé.

Sabor en el aire


Son casi las cinco de la tarde. El sol se cuela entre las rendijas de la ventana de la cocina y baña de luz el tazón de mangos recién cortados.

El dulce aroma de la fruta madura impregna el aire. Me acerco y tomo el primero. Es firme y de buen color, su textura aroma y sensación me hablan de un gusto ligeramente ácido que no es el que busco. Lo devuelvo y tomo un segundo. Puedo sentir la pulpa jugueteando debajo de la piel con cada ligero apretón de mi mano; me parece una fruta muy castigada por el tiempo. La devuelvo y quemo mi tercera oportunidad. Terso, amarillo, una superficie ligeramente pegajosa pero tan suave como firme, sin duda el mango elegido.

No lo pensé dos veces, lo desollé sin piedad, encajé los dientes en su jugosa carnosidad y ese dulzor que me sedujo antes fue uno conmigo.

23.1.12

uy, las palabras

“¿Qué pasaría si las palabras pudieran desgarrarse? Por eso, más que decir lo que sientes, vívelo y demuéstralo...”
Éste fue mi comentario del día en Facebook, inspirado en la canción “More than words” del grupo Extreme. Aunque no me considero una experta letrada, la palabra es algo que me apasiona. Su forma, su simbolismo, lo qué se puede hacer con ella. Culpo a mi accidental oficio de editora…

15.1.12

Un coro de gallos en canon

Un coro de gallos en canon
La invitación a dar un paso adelante
Fuera de los sueños y de vuelta a la realidad
De trabajo duro, esfuerzo y desgaste pero felicidad tangible

24.10.11

Mentira arácnida

Una mentira es pegajosa como una red de teleraña, entre más te muevas más te envuelve.

14.8.11

Falsas impresiones

Domingo por la noche. Un buen momento para leer antes de dormir y reiniciar la rutina semanal. Hojeando EL PAÍS semanal me encontré con esta foto la Tierra. Miles de imágenes se han proyectado de nuestra esfera azul ligeramente achatada, pero nunca había visto una como ésta. Me decepcionó un poco saber que la redondez de nuestro mundito no es mas precisa que la de una papa.

17.6.11

Humor negro

Paseaba en coche por el centro cuando vi a una familia muy numerosa caminando tranquilamente por la banqueta. De pronto una inmensa cascada de agua y detergente salió de un balcón. Durante unos instantes, la familia desapareció entre la espuma. Segundos después, reaparecieron con una cara de sorpresa de esas que casi nunca ves. Qué desafortunado evento para ellos... qué sabrosas carcajadas para mí.

14.6.11

"Huérfano" de... ¿hijos?

"Ningún padre debería enterrar a sus hijos" dijo el rey Théoden (El señor de los anillos: Las dos torres) al pie de la tumba de Théodred.

¿Qué es de un padre o una madre que enfrenta esta circunstancia? Verse de repente despojados de un título que tardó meses en cocinarse. Dicen por ahí que es el dolor más grande... ¿por qué no hay palabra que lo defina? Hay huérfanos/as y viudos/as. A quien pierde un hijo... ¿cómo se le cataloga?

Una prima muy querida descubrió aquella penosa sensación. Pero a pesar de que el pequeño Patricio no se enfrentó a un montón de orcos que invadían Rohan, sí fue todo un guerrero que luchó por ver la luz de este mundo. Quizá su misión era otra, que nos parecerá difícil de comprender, pero la interpreto de esta manera: recordarnos que la vida se va en un "tris" y que no importa nuestra suerte o destino, siempre y cuando lo enfrentemos con honor y con la frente en alto. Patricio es la muestra de ello.


13.6.11

Romería urbana

Cada 12 de diciembre todos los chilangos sabemos lo que vendrá... harto tráfico y harta gente caminando por las calles, alabando al máximo símbolo iconográfico de nuestro país (con todo el respeto que merece).

Crecí muy cerca de las imágenes religiosas, fiestas de devoción, visita de iglesias, ayunos... así pienso que somos los mexicanos, nos inculcan algo desde pequeños que quizá no entendemos, pero de todas formas lo seguimos porque nos dicen que así debe ser.

Siempre tuve curiosidad de saber qué era lo que movía a las personas a caminar durante días cargando cuadros y esculturas, custodiados por camionetas adornadas con banderines y flores de colores. ¿Qué hace que olviden el hambre, el cansancio y, en muchos casos, la pobreza?

Hace una semana, un muy buen amigo -no practicante ni remotamente- me platicó que, en su desesperación, pidió a la Virgen que lo ayudará con las broncas que lo venían asfixiando desde hace un tiempo... el hombre estaba realmente agobiado, se dejó la mata y no se afeitó en semanas.

Finalmente lo volví a ver, muy peinadito y sin el aspecto bestial. Los problemas se solucionaron.

-¡Hora de cumplir la manda!, le dije

Corte A...

Un domingo en la mañana nos reunimos. 9:00 (o 10:00 porque la puntualidad no está de moda) enfrente de Galerías Insurgentes... mi amigo (ex bestia), otro chico y yo listos para emprender un viaje tipo hobbit a la Villa.

15 km (o más) que nos tomó recorrer 4 hrs fueron suficientes para que la manda de uno se convirtiera en la manda de tres. Poco antes de llegar al final de la Av. de los Misterios dimos vuelta siguiendo el camellón y, como de película, detrás de los árboles vimos la enorme cúpula de la Basílica de Guadalupe.

Como buen domingo de Pentecostés, el lugar estaba repleto y la gente fluía por todos lados. Entramos al templo y vimos la imagen de la Virgen, asediada por los flashes de las cámaras de cientos de personas. Misión cumplida. ¿Y luego? decidimos darnos una vuelta por todo el recinto y conocer las otras tres iglesias. Subimos con trabajos los 6 escalones de la antigua basílica. Fue ahí cuando verdaderamente lo sentí. Frente a mí, el Santísimo adornaba el altar de un templo desgastado por los años. Enormes columnas sostenían las viejísimas cúpulas y la luz indirecta del sol iluminaba los vidrios deslavados de los ventanales.

Sentí todo el peso del cansancio bajar desde mi cabeza, pasar por mi pecho hasta los pies. Y ahí se quedó, en las desgastadas losas de la entrada. Di otro paso y mi cuerpo superó los efectos de la gravedad. Sentí una ligereza que brotaba desde mi interior. Y entonces lo entendí... ahora también, soy una peregrina.

Explanada de La Villa: iglesia del "pocito" y Basílica de Guadalupe.
Vista desde el Cerro del Tepeyac.

8.6.11

Me lo dijo twitter

Es tan tarde que, oficialmente, ya es mañana. 1:40 y lo mejor que se me ocurrió fue leer tuits. Lluvia, llueve, agua... Se repetía a menudo. Fue entonces que abandoné el hueco en el sillón que estuve moldeando un par de horas. Abrí la ventana y un fuerte olor a mojado invadió mis pulmones. Extendí la mano hacia afuera y sentí cosquillitas en las puntas de los dedos. Cerré la ventana y abrí mi blog para platicarte -a ti lector- que, en efecto, estaba lloviendo.

5.6.11

Flor Garduño, fotógrafa mexicana

Edén






Qué mejor domingo que experimentar un recorrido visual de una talentosísima joya mexicana. Flor Garduño expone tres décadas de trabajo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Bestiarium, Mujeres fantásticas y Naturalezas Silenciosas es la trilogía que propone la fotógrafa.
Mujer con plumas
Estoy segura que aquéllos que lamentamos la pérdida de Leonora Carrington, encontraremos gran dicha redescubriendo mujeres que, de igual manera, han sabido expresar su sensibilidad en fantásticas obras.
Paola Cerruti, a cargo de la curaduría de la expo, acopla -a lo largo de ocho salas- 32 piezas de la artista realizadas entre 1980 y 2010.
La introspección que se vive es innegable, Garduño logra atrapar al visitante con una maravillosa primera impresión para sumergirlo en la delicadeza de la técnica y notable calidad de cada fotografía. Las sensaciones parten de la inocencia, a un oscuro enigma. Sea como sea, es una visita que no debe quedarse en la lista de pendientes.
Mi favorita... Mujeres fantásticas. El cuerpo femenino ha sido visto de muchas formas: un objeto de deseo, un negocio, un pecado... Flor Garduño revela la belleza desnuda de nuestras iguales... lo enaltece, juega con su forma, color, textura... y enmarca para que otros descubramos su visión.

Abrazo de luz





2.6.11

Paranoia

Una línea de hormiguitas se mueve a lo largo de mi documento Word; las ahuyento con "Delete" mata bichos.

Cenicienta en verano

De tanto sudar... se me resbaló un zapato, pero ningún príncipe lo levantó.

1.6.11

Renacimiento

Luego de un año sin andar por estos lares... regreso a la experiencia de un blog, ahora con un nuevo nombre que, pienso, describe más lo que quiero decir aquí, en este espacio mío y de todos.